La leyenda del mercado 16 de septiembre de Toluca

La leyenda del mercado 16 de septiembre de Toluca

Dicha construcción de estilo art nouveau, ordenada a inicios de 1909, comenzó siendo el centro de comercio de los toluqueños
Redacción | UN1ÓN Edomex | 10/09/2018 06:00

Este espacio fungió como el mercado popular “16 de Septiembre”, en el corazón de Toluca y  que hoy luce como uno de los sitios turísticos más atractivos de la entidad, el Cosmovitral Jardín Botánico.

Dicho lugar de tres mil 500 metros cuadrados alberga una de las obras de arte más grandes del país, en su interior está majestuosamente resguardado por 71 vitrales que hablan sobre la dualidad del hombre y el cosmos.

Entre las 12:00 y las 13:00 horas, las imágenes dan lugar a un espectáculo en el que cientos de gotitas y destellos de colores bañan las 400 especies de plantas y árboles frutales protegidos en este lugar.

Esta combinación de belleza natural y artística cautiva a los visitantes, quienes recorren los pasillos de los diversos ecosistemas con los sentidos dilatados, el sonido del agua del pequeño lago y las fuentes que anestesia y la música de fondo que transporta a los turistas a un sitio de paz y tranquilidad.

Aunque este lugar nunca fue así. Dicha construcción de estilo art nouveau, ordenada a inicios de 1909, comenzó siendo el centro de comercio de los toluqueños.

Llevaba por nombre “Mercado 16 de Septiembre” (en homenaje al centenario de la Independencia), y fue el escenario del bullicio y el ajetreo propio de la comercialización popular, una combinación de olores y sonidos que excitaban el humor tanto de comensal como del transeúnte.

Por eso, adentrarse a este espacio es conocer el antagonismo inherente a su concepción.

Hoy, esa oposición se refleja en sus vitrales, en donde se observan ilustraciones de búhos, representación de la noche, y águilas, representaciones del día; imágenes para evocar el bien y el mal, el conocimiento y la ignorancia, la luz y la oscuridad.

Más de 60 artesanos que cortaron y colocaron 500 mil piezas de vidrio de 28 colores diferentes traídos de Europa y Asia, y armaron estas piezas de acuerdo a los planos desarrollados por Leopoldo Flores.

Lo paradójico es que, a pesar de que las imágenes de la dualidad son visibles desde cualquier punto del Jardín Botánico, el visitante en ningún momento se siente entre una lucha de contrarios.

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